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Lunes 29 Mayo 2017
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Veredas. La reinvidicación del oro en un salvataje con final feliz

Veredas. La reinvidicación del oro en un salvataje con final feliz

VEREDAS CAMINADAS POR RAMÓN MÉRICA.

Emilio Ferrari y Jorge Lezica recuperan el Palacio Taranco (1910).

Gente que lo conoció funcionando en vida de sus propietarios asevera que nunca el Palacio Taranco lució más esplendoroso. Otra, que también lo vioen sus años mozos, advierte que el trabajo de rescate de los muy franceses muros ha sido de una perfección sin mácula. Para aprisionar una opinión muy personal, hay que ir hasta la Plaza Zabala -como lo hicieron más de 10 mil personas el Día del Patrimonio- y ver que lo hecho por el binomio Ferrari- Lezica es verdaderamente un prodigio de refinamiento, seriedad y elegancia, pero sobre todo de respeto. En la soledad de los salones vacíos, ¨Veredas¨se paseó con esos artífices que tienen mucho para decir.

-¿Cómo definirían el trabajo hecho en el Palacio Taranco?

Jorge Lezica: -Yo lo definiría como una recuperación, porque evidentemente no es un reciclaje ni tampoco es una restauración. Restaurar implica volver al original, y nosotros no hicimos eso porque el original nunca fue terminado. La familia lo habitó antes que los arquitectos Girault y Chifflot pudieran hacer un proyecto de colores y concretar las terminaciones. El constructor era Jhon Adams, que estaba atrasado en la obra, la familia Taranco tenía que entregar la casa donde estaba viviendo en ese momento y pasaron a habitar el palacio sin que estuviera terminado, sobre todo en el tema pintura, además de que Girault nunca vino a Montevideo a supervisar su obra. Y creo que Chifflot vino cuando se hizo el Taranco chico, en San José y Vásquez, hoy demolido, que ésa si era una obra de él. Pero el verdadero autor del Taranco es Charles Girault, autor en París del Petit Palais, del Arco de Triunfo, y en Bruselas de la Embajada del Congo y de la de Francia. Un monstruo.

-Señor Ferrari: ¿cómo definiría el trabajo hecho en el Palacio Taranco?

-Para mí, es la obra más completa en cuanto a lo que es un proceso de restauración que hemos hecho hasta el momento. Está enmarcado en la última corriente, a nivel mundial, de lo que es la restauración, confirmada en este caso por Lionello Puppi, que visitó Montevideo recientemente. Para decirlo en pocas palabras: nos basamos en un proyecto largo y completo y una ejecución corta y bien planificada. Esa fue la base de la cosa.

LA BIENVENIDA PROGRAMACION VISUAL

-Anteriormente, ¿qué otras obras habían hecho juntos?
-Empezamos en el noventa y tres, y salimos al mercado por problemas económicos a inventarnos un puesto de trabajo con los conocimientos que teníamos, a armarnos lo que hoy se llama ¨el nicho¨ del mercado, hablando en términos técnicos.
-Y comenzamos reciclando objetos y muebles, algunas obras de reciclaje particular, algo más integral, y de allí nos convoca la Presidencia de la República para hacer las terminaciones de la residencia de Suárez, antes de que se mudara el Presidente. Fuimos supervisados, en aquel momento, por el arquitecto Enrique Benech, a quien le debemos muchísimas cosas, desde el apoyo intelectual, hasta el hecho de haber sido nuestro Cristóbal Colón.
-Lo que nosotros hacemos es lo que se llama programación visual. Lo que el ojo ve es lo que nosotros hacemos. Es decir: de qué color se pintan las paredes, si se reconocen o no las yeserías, cuál es la sensación visual que se traslada al estado de ánimo de una persona que entra en un espacio. Es como una escenografía.

-¿Alguna obra en particular para destacar?

-Para la venida de la señora Danielle Mitterrand hicimos la Estancia de Anchorena, sobre todo reciclar algunas habitaciones de la planta alta, en las cuales seguimos trabajand; también rehicimos completamente la residencia presidencial de Punta del Este, y antes de Suárez nos convocó el Ministro de Relaciones Exteriores para remozar el Palacio Santos, que fue un trabajo titánico, sobre todo de descubrimiento de frescos y pinturas debajo de las paredes del llamado Salón Rojo. Y después la Sala Vaz Ferreira, que fue un trabajo fascinante porque no solamente se trató de reciclar sino de revalorizar algo que estaba bastante dejado de lado. Un solo ejemplo: la iluminación que pusimos es lo más avanzado, al punto que podemos decir que por treinta años no habrá que tocar nada en ese rubro y que esa será la entrada al siglo veintiuno de la mano de lo más avanzado. Además, se cambió el concepto de escuchar música en gris para escuchar música en color. Es lo mismo que pasa con los museos, donde se cree que los museos deben ser ámbitos o estancos blancos, negros o neutros, y la gente que no viaja ignora que el museo clásico por excelencia, el Louvre, es un estallido de color.
-Es que es imposible pensar el mundo sin color. Es lo mismo que pensar que un cuadro ha sido pintado para un museo. No. El artista pinta un cuadro para ser puesto en un lugar determinado, en una casa, en una pared cualquiera, y después el tiempo y las circunstancias se encargarán de que ese cuadro vaya a parar a un museo, pero el cuadro no fue pensado para ser colgado en un museo. Y eso mismo pasa con esta casa: el palacio no fue pensado para museo, sino que fue pensado y concebido para una residencia particular. El tiempo, y las circunstancias, se encargaron de convertirlo en un museo y en patrimonio del país.

¡A PARÍS! ¡A PARÍS!

– Para concretar seriamente la recuperación del Taranco, ustedes se fueron a París a fines de mayo. ¿Qué fueron a buscar a París que los ayudaría en esta obra?

-La razón de la ida a París es porque cuando fue habitado, como ya lo hemos dicho, el palacio no había sido terminado en cuanto a sus colores. Si bien teníamos mucha documentación gráfica, había muchas cosas que nos llamaban la atención. La casa Krieger, que fue quien proveyó los muebles y elementos decorativos, enviaba láminas donde sus artículos estaban coloreados, pero los muros donde se asentaban, no. No podía ser que todo el palacio fuera blanco, y así llegamos a la conclusión que Jhon Adams, que fue el constructor de la obra, al ver esos cartones con los muebles donde las paredes eran todas blancas, pintó todo el palacio de blanco ajustándose al tomo con referencia a esos recaudos que habían venido de París. Porque lo que mandó la Casa Krieger de París eran catálogos donde las cortinas, muebles, tapices y alfombras tenían color, pero las paredes no. Craso error. Esas paredes deberían haber estado pintadas. Y una de las razones del viaje a París fue investigar los colores y la paleta de Charles Girault, el verdadero autor del Palacio Taranco.

-¿Qué encontraron en París, si es que encontraron algo que les pudiera servir para la recuperación del Taranco?

-Encontramos mucho más de lo que pensamos al irnos. Empezamos a investigar en otras obras parisinas de Girault, más allá del Petit Palais y del Arco de Triunfo, pero lo más importante, lo fundamental de todo el viaje fue llegar hasta la casa que Girault hizo para él y su familia, un edificio de cinco pisos en la Avenue Georges Mendel y del que la familia conserva los dos últimos y donde vive un nieto con su señora, ambos nonagenarios. En ese edificio, en el piso dos vivía María Callas, hay una chapa en la puerta diciendo ¨Ici est décédée Maria Callas – le 16 septembre 1977¨, y además allí vivió Romy Schneider. Y en esa casa, donde hay una vista impresionante de París, descubrimos muchas cosas y corroboramos otras que ya habíamos percibido en otras obras: el uso del color, sobre todo, los detalles decorativos en cornisas y guardas, el amor por el oro, y así fue que juntamos toda esa enorme documentación que nos permitió esta recuperación que hace lucir al Taranco como luce hoy. Nuestro embajador en parís, el doctor Gross Espiel, nos recomendó que fuéramos especialmente al Palacio Jaquemart-André, que es museo de artes decorativas y que tiene muchas similitudes con el Taranco.

REINVIDICACIÓN DEL ORO

-En el discurso de inauguración, la semana pasada, el presidente Sanguinetti, cosa que nos enorgullece, puso de manifiesto, muy claramente, que nuestro trabajo en el Taranco era una reinvidicación del oro, del dorado, algo a lo que mucha gente le tiene recelo. Hay que ver cómo está París en estos tiempos, donde lo que es oro es oro y nada de pátinas porque ése es un trabajo del que se tiene que encargar el tiempo. Lo que sí hay que poner de manifiesto es que si bien nosotros hemos sido los responsables estéticos, intelectuales, de esta obra, en realidad es el fruto y tesón de hombres que en algún momento llegaron al número de ochenta entre encargados de las maderas, cortineros, lustradores, herreros, doradores, dibujantes, pintores, enteladores, electricistas, jardineros y otros maestros, cada uno en lo suyo. Las dos noches previas al viernes doce, fecha de la inauguración oficial, protocolar, nadie paró un instante hasta que salió el sol y hubo que empezar a poner los camineros rojos que recibirían a las autoridades. Atención: no todo está terminado todavía. Faltan algunas habitaciones de la planta superior, sobre todo la que albergó al Príncipe de Gales cuando llegó a Montevideo y donde irá el juego de dormitorio de don José Batlle y Ordoñez, amén de una cafetería desde la que se podrá disfrutar la incomparable vista del jardín y de la Plaza Zabala. Si bien estamos encantados con las obras anteriores, hasta el momento, esta recuperación del Taranco es lo que nos llena de mayor felicidad y orgullo profesional. Va a ser difícil que aparezca otra así.
JORGE ALVARO LEZICA HIRIART, 40, nació en Montevideo, llegó en Facultad de Arquitectura hasta el último nivel, aunque le queda la última carpeta, que no piensa terminar. Hizo un pasaje por el Círculo de Bellas Artes en el tema pintura y dibujo, por los talleres de Sgarbi padre, de Clever Lara, estudio de diseño de muebles con Gino Moncalvo, seguimiento de mobiliario y programación visual en Porto Alegre, y más tarde ¨anduve dando vueltitas por Florencia en talleres particulares y nada más¨.

EMILIO FERNANDO FERRARI BOLZI, 43, montevideano, agradece a Montevideo Refrescos, donde militó desde muy joven, todo lo que tiene que ver con la organización del trabajo. ¨De nada sirve una elucubración intelectual si no se la puede llevar a cabo. Hay que planificar. En ese sentido, con Lezica hemos podido formar una dupla, como la de los cónsules romanos, siempre de a dos, que nos ha permitido acometer todas estas obras de recuperación y restauración que hemos venido cumpliendo desde el noventa y dos¨.


Ricardo Zumarán Taranco

¨CONOZCO MUY BIEN CADA RINCÓN DE ESTA CASA DONDE NACÍ Y VIVÍ 15 AÑOS¨

El sábado 13, Día del Patrimonio, ver entrar esos casi dos metros de humanidad por la gran puerta del jardín después de haber hecho cola como cualquier hijo de vecino, no permitía pensar que quien entraba era Ricardo Zumarán Taranco (en realidad, Saénz de Zumarán Ortiz de Taranco), un señor que conoce muy bien el preciado edificio solariego. ¨Veredas¨ dialogó con él y se enteró de muchas cosas.

¨Yo nací aquí en el treinta y viví hasta el cuarenta y tres, cuando la familia lo vendió al Estado en algo alrededor de doscientos mil pesos, cuando el peso se equiparaba con el dólar. Mi madre, María Elena, era una de los nueve hijos de Félix Ortiz de Taranco y de Elisa García de Zuñiga, una mujer muy discreta mi abuela, ajena al boato y al lujo, no como mi abuelo. La prueba está que cuando mi abuelo murió, ella se mudó a una casa en El prado, mucho más sencilla que este palacio. Cuando se hizo la venta, la familia donó en una relación modal, para que se hiciera un museo, todos los muebles y obras de arte, menos los dormitorios, que nos los llevamos con nosotros.

Yo he venido mucho por esta casa que me trae tantos recuerdos, incluso cuando era sede del Ministerio de Instrucción Pública, y he notado que faltan muchas cosas con las que conviví en mi infancia y mi adolescencia. Yo creo que falta la mitad de las cosas que dejamos. Cuadros, por ejemplo, yo recuerdo veinticinco de los que he visto solamente tres: falta un Blanes no demasiado importante, ¨El rapto de una blanca¨; falta un Sánchez Barbudo; falta un Schneider y faltan muebles, sobre todo en el gran salón. Falta un piano impresionante, un Pleyel todo pintado con Flores y personajes, y recuerdo que en el vestíbulo de acceso había muebles que ahora no están. Ah: también desapareció una virgen atribuída al Ghirlandaio.

SEGUN PASAN LOS RECUERDOS

Tengo muchos recuerdos gratos de esta casa. Aquí en el salón de baile jugábamos al fútbol y a la rayuela y jamás rompimos un jarrón. Y una vez pudo ocurrir algo terrible que felizmente no ocurrió: con uno de mis hermanos estábamos de lo más enloquecidos con la historia del paracaídas y entonces fabricamos uno, nos fuimos a la azotea y desde allí íbamos a hacer caer a mi hermana María, pero felizmente apareció alguien que impidió ese hecho. Se hubiera matado, la pobre.

La azotea y los balcones eran muy importantes en nuestros días: yo recuerdo haber visto pasar por la calle Veinticinco de Mayo al Presidente Roosevelt y el Cardenal Pacelli, en autos descubiertos, rumbo al puerto, porque entonces ni se hablaba de aeropuerto. También desde la azotea vimos pasar el Gran Zeppelin. No puedo acordarme, en cambio, del baile que dieron mis abuelos a los tripulantes del avión Plus Ultra, comandado por Ramón Franco, en el primer cruce del Atlántico. Tampoco puedo acordarme porque fue en el veinticinco, cinco años antes de que yo naciera, la estadía del Príncipe de Gales en la casa. Ese hecho provocó que cada vez que mis abuelos iban a Londres, fueran recibidos en Buckingham para tomar el té, incluso algunas tías mías, porque la corte británica siempre estuvo muy agradecida por la hospitalidad de mi familia con el Príncipe de Gales¨.



Eduardo Mérica, periodista uruguayo desde 1979. Integrante de las redacciones de La República, Estediario, El Deportivo Sport Magazine y Marca. Tuvo pasajes por radio CX 32 Radiomundo "Contacto Deportivo" y CX 38 Sodre. Redactor creativo del programa Vida Sana (Canal 5 Sodre), Jornalista en A PLATEIA Livramento, Brasil. Sub Editor de ACAURUGUAY.COM y Editor de www.diariouruguay.com.uy y www.futboluruguayo.uy. Es miembro de AER y presidente de la filial APU (Asociación de la Prensa Uruguaya) Rivera.


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