Search
martes 18 diciembre 2018
  • :
  • :

A 18 años de la hazaña del ciclista sanducero Milton Wynants, nadie recuerda hoy la falta total de apoyo que tuvo desde la Federación hasta el gobierno.

A 18 años de la hazaña del ciclista sanducero Milton Wynants, nadie recuerda hoy la falta total de apoyo que tuvo desde la Federación hasta el gobierno.

Es de todos conocido que la Federación no movió un dedo en primera instancia para que tanto Wynants como el “Toro” Bare tuvieran en principio una preparación adecuada para ir a competir.

 

AQUI ESTÁ LA OPINIÓN DE LO QUE PASÓ EN EL RINCÓN DE RAGO: Los años pasan y el deporte uruguayo sigue sin tener el respaldo necesario por parte del Estado. Hoy lo vuelve a demostrar, incluso, pese a que tiene un pomposo Ministerio de Deportes. Este no demostró la debida ejecutividad e ingerencia en casos puntuales. Tal como le ocurriera recientemente a un deportista de élite, caso del ciclista Milton Wynants, al no poder concurrir al Panamericano de Colombia, por falta de recursos y una tremenda despreocupación, desidia, por parte de la Federación Uruguaya de Ciclismo.

En un país que supo ser campeón del mundo en fútbol, la casta deportiva es pródiga en otras disciplinas, pese a que apenas somos algo así como tres millones de habitantes en un país subdesarrollado.
Los sanduceros sabemos lo que es tener deportistas excepcionales, que supieron tallar en el concierto internacional transponiendo fronteras con perfiles propios. Antes de Wynants, supieron triunfar, Juan Antonio Rodríguez, William Jones, Ana María Norbis, Luis Bell, Carlos Scanavino.

Algunos de ellos fueron funcionarios públicos. Les otorgaban licencias a regañadientes, le descontaban incluso, cuando faltaban por razones de entrenamiento, nunca los recompensaron con alguna licencia especial o distinción. Que bien se lo merecían por derecho propio. Estos deportistas subían a un podio, daba a conocer el nombre de Uruguay a los cuatro vientos. Con su esfuerzo lo suyo era más positivo, que la ingerencia que pueda tener una embajada o cargos diplomáticos, donde se reciben sueldos y regalías en viáticos dispendiosos, sin que estos “embajadores” o representantes consulares hagan nada efectivo por el país a quien representan salvo excepciones.
Wynants llegó a nuestro país bajo palio. Fruto de aquella mañana donde la mayoría despertamos con la agradable noticia de que había logrado una medalla de plata en las Olimpiadas de Sydney, peleando con la flor y nata del ciclismo mundial.

El muchacho humilde, callado, que cruzó el charco para comprar con dinero de su bolsillo, una bicicleta más competitiva. La que debió proveerle el Comité Olímpico o en su defecto, la Federación Uruguaya de Ciclismo. El sanducero lograba nada menos que una medalla, que hacía cuatro décadas no se obtenía para nuestro país, desde la conquista de “Cuerito” Rodríguez en Londres.

Es de todos conocido que la Federación no movió un dedo en primera instancia para que tanto Wynants como el “Toro” Bare tuvieran en principio una preparación adecuada para ir a competir. Pese a ello ambos curtidos en estos menesteres, aún con carencias se prepararon de entrecasa como se suele decir, cuando uno asume responsabilidades individuales.

El resto es conocido. Los pasajes nunca llegaron para ir a tierras colombianas.Por averiguaciones que realizamos, nos enteramos que el pasaje a Colombia rondaba los 900 dólares. Una cifra realmente exigua, si tenemos en cuenta lo realizado por Wynants en tierras australianas. Como por arte de magia, todos los alcahuetes de turno, que habían adulado al ganador de la medalla de plata, desaparecieron, incluidas sus promesas.

Acá fallaron muchos, incluido el periodismo deportivo que sienta sus reales en la capital. Siempre prestos en las recepciones de turno para prenderse del vidrio del importado y arrasar con los platos. No fueron diligentes para clamar por los ciclistas, en especial por quien nos trajera la presea de plata.

Si hubiesen estado con vida los viejos e inolvidables maestros Armando Oscar Sagrada y Jenaro Carleo, seguro estamos que desde la “Peña Olímpica” hubiesen pregonado e influido para que lograsen los pasajes.
Falló el señor Ministro Jaime Trobo. Que se sepa: el Ministerio a su cargo no hizo un seguimiento especial de la situación, en especial de a quien tanto le prometió, seguramente buscando réditos políticos.

Falló el gobierno municipal sanducero, con tantos jerarcas amantes del deporte, que no dieron señales de vida. Fallaron el senador sanducero y los diputados del solar. Se desprende que estaban enterados de lo que sucedía con Wynants. No corrieron pedidos de informes al Ministerio de Deportes, a la Federación o sea no hubo preocupación por el tema. Seguramente pensaron que tenían cosas más importantes de que ocuparse. Tampoco afloró lo solidario. Bien pudieron armar una “baquita” entre los cuatro, visto los sueldos y viáticos que perciben, no hubiera sido un desembolso muy grande para sus bolsillos. Claro que a la hora del festejo, televisión y medios gráficos lo mostraron en primera línea.

También fracasó la dirigencia de Nacional, institución a la que pertenece el sanducero. Cuando los tricolores gastan tanto dinero en su equipo profesional de fútbol, novecientos o mil dólares a lo sumo, hubiesen resultado un mendrugo dentro de su presupuesto millonario.
eguramente el pecado mayor de Milton Wynants, debe ser que es nacido en este solar nativo o sea que al trasponerse el Santa Lucía, seguimos siendo ciudadanos de segunda, por decisión pura y exclusiva de la clase política que nos gobierna.

Esa clase política que desde que tenemos uso de razón, nos mira por encima del hombro. No somos capaces de pararnos en las cuchillas y pegar el grito de igualdad. Somos sumisos, débiles, incapaces de enfrentar a los políticos de turno. Que llegan cada cuatro años en busca de votos. Ahí si somos todos iguales, fruto de una elección y no de un derecho adquirido por ser nacidos en este suelo.

Si el medallista de plata hubiera nacido en Montevideo o residiera en la capital, seguramente hubiera encontrado padrinos. Su pecado resultó ser un producto auténtico forjado en el interior. En la fragua del sacrificio y humildad.
El tiempo pasa pero todo sigue igual. En el 2001, nada nuevo surge bajo el sol. Con el Ministerio de Deportes, con Trobo y Araújo como referentes de turno. Los olvidos e injusticias se repiten. Las promesas se las lleva el viento. ¿El deporte uruguayo? Bien, gracias. Que viva la pepa. La orfandad sigue.

Se cumplieron 18 años (el jueves 20 de septiembre de 2018) de la histórica jornada cuando el ciclista sanducero Milton Wynants ganaba la medalla de Plata en los Juegos Olímpicos de Sidney 2000 en la especialidad de la “Carrera por Puntos” en pista. El podio lo integraron el vencedor, el español Joan Laneras (oro), el uruguayo Milton Wynants (plata), y el ruso Alexei Markov (bronce).

Milton Wynants en Sydney 2000

“Para mí esto es un sueño del que no me despertaré por mucho tiempo”

Se bajó de la bicicleta pensando que era medallista de bronce y estaba loco de la vida. Dio una vuelta con la bandera uruguaya y fue a saludar a un grupo de hinchas que tenían enseñas tricolores pensando que era el tercero en la prueba por puntos. Pero en el abrazo con sus entrenadores y el Toro Bare había una sorpresa más impactante aun que el tercer lugar: la plata olímpica. Milton Wynants fue a la conferencia de prensa, luego al antidopaje y apareció caminando tranquilo, con la medalla en el cuello y la camiseta de Nacional bajo la campera. Tenía un semblante sereno, como si no se hubiera dado cuenta de que se metió en la historia grande del deporte uruguayo.

¿Es consciente de que mucha gente esperaba un buen resultado suyo?
Me sentía con mucha confianza, no como para lograr medallas, pero era consciente de que dejaría todo en la pista. Quería hacer algo grande, como estar entre los 10 primeros. Tenía la confianza de los técnicos, de Gregorio Bare, con quien siempre conversaba sobre esta prueba. La verdad es que siempre pensaba en positivo. Yo repetía que era difícil, pero no imposible. Por suerte se dio.

¿Cuál fue el plan de carrera?
La idea era que si se me pasaba por la cabeza que ese era el momento de embalar, lo haría. No quería esperar nada, ni especular, ni nada. Por eso en el primer embalaje me metí primero y en otro saqué una gran ventaja para imponerme. Era difícil, pero había que buscar siempre la carrera. Para lograr algo hay que buscarla, sino es difícil encontrarla. Hay que luchar para obtener triunfos.

¿En algún momento sintió que le menguaban las fuerzas?
Llegar al final, sabía que llegaría, pero la gran dificultad era los ahogos. En estas pruebas no tenés recuperación y cuando los rivales salen a buscar sacar una vuelta de ventaja, hay que seguirlos como sea. Uno tiene que sacar fuerzas de donde sea porque si perdés rueda en un velódromo de 250 metros, ya se te vienen por atrás. Nunca perdí el empuje para seguir a los que estaban primeros. Y cuando los alcanzaba, aprovechaba para respirar y acomodarme lo más rápido posible para buscar otro ataque, defenderme o definir un embalaje.

¿Se dio cuenta de que cerca de la mitad de la carrera sus rivales comenzaron a ponérsele al lado y a controlarlo más?
No, la verdad que no me fijé en quién me seguía. Lo que quería era irme para adelante solo y no esperar por nadie. Y cuando me di cuenta de que tenía posibilidades de terminar entre los cinco mejores, busqué la rueda del español (Juan Llaneras) que ya nos había sacado dos vueltas de ventaja y era el ganador anticipado. Sabía que cuando nos atacaran él los iba a seguir, y si él no podía, yo estaba para ayudarlo. Por eso lo tomé como referencia.

Llaneras dijo que se sorprendió cuando lo vio a usted pegado a su rueda en momentos en que pensaba sacar dos vueltas.
A mí no me interesaba pelearle la medalla de oro a él, sino que quería estar en el grupo de los de arriba. Por suerte eso funcionó y llegué a liderar en varios embalajes.

El competidor coreano Ho Cho estaba cerca e incluso llegaban al embalaje final igualados en puntos, ¿no le preocupaba?
No, sólo pensaba en que podía llegar a la medalla de bronce. Hugo Skrycky, el entrenador, me gritaba en cada pasada que tenía que embalar y entonces traté de aguantarme un poco, tomar aire, respirar profundo y llegar bien armado al embalaje final. Ahí di todo porque el resto también estaba cerca y podía robarme la medalla. Por suerte todo se dio bien.

¿Se dio cuenta enseguida que había ganado la medalla de plata?
Pensé que había logrado la medalla de bronce, porque vi el cartel electrónico y la pantalla decía que estaba tercero. Además, Skrycky me gritaba que embalara y entonces me dije que no podía perder. No puedo dejar escapar el bronce. Y cuando aceleré en el último embalaje, que tenía puntaje doble, y entré segundo, pensé que me había asegurado la de bronce. Es más, festejé por la medalla de bronce.

¿Cuándo se dio cuenta de que la medalla era de plata?
Cuando me bajé de la bicicleta y todos empezamos a gritar y festejar, pero yo estaba seguro que había logrado el bronce. Entonces, le pregunté a mi entrenador si estaba confirmado el tercer puesto, y me respondió:¡qué tercero, lograste el segundo lugar, Milton!

¿Qué hizo en ese instante?
Miré la pantalla y me di cuenta de que estaba segundo. Más contento me puse. ¿Es un sueño? Es un sueño hecho realidad. El objetivo acá era quedar entre los 10 mejores y me encontré con esto.

¿Es consciente de que antes de la carrera hablaba de que en la misma estarían los mejores del mundo, y ahora ellos también lo consideran uno de los mejores del mundo?, ¿de que aquellos que llegaban con grandes nombres, perdieron ante usted?
La diferencia con ellos es que corren a un nivel mucho más alto. Entonces, cuando uno viaja al exterior a participar en carreras lo hace a través de la Federación Uruguaya de Ciclismo, ya sea a un Panamericano o a un Odesur. Y se prepara en Uruguay corriendo las carreras domingueras, la Ruta, la Vuelta, y cuando hay una selección te llevan. Pero la importancia de estar con los mejores es participar de pruebas en Europa cuando ellos organizan carreras de pista o mundiales, que son seis o siete por año. Esa alta competencia te lleva a sacarte esa sensación de miedo. Porque quienes participaron acá son buenos, pero no son cucos. Y yo vine a los Juegos de Sydney con muchas ganas de hacer algo importante. Eso es lo que me llevó a conseguir la medalla.

¿Se imagina la llegada a Paysandú?
La verdad que no. Sé que la gente lo debe estar disfrutando muchísimo. Entonces, la pregunta anterior sería:

¿Es consciente de que ganó una medalla de plata en Juegos Olímpicos?
La verdad es que esto es muy reciente y para mí es un sueño del que no me despertaré por mucho tiempo.

¿Qué sintió cuando fue a festejar al costado de la pista con esos hinchas que tenían la bandera de Nacional?
Primero que nada quise festejarlo con ellos porque se aparecieron con las banderas de Nacional y como hincha que soy, quería estar con ellos. Incluso se sacó fotos con ellos. Sí, fue muy emocionante. Yo soy hincha de Nacional.

Milton Wynants
Fecha de nacimiento: 28.3.72
Lugar de nacimiento: Paysandú
Altura: 1,62 metros
Peso: 69 kilos
Equipo: Nacional (desde 1990)
Técnico: Alberto Camilo Velázquez
Técnico selección: Hugo Skrycky
Mejores actuaciones internacionales Carrera por puntos Medalla de plata Juegos Olímpicos Sydney 2000 11° Juegos Olímpicos Atlanta 1996 Medalla de plata Juegos Odesur de Valencia, Venezuela, 1994 Medalla de Bronce en Juegos Panamericanos Winnipeg 1999. honor.



Eduardo Mérica, periodista uruguayo desde 1979. Integrante de las redacciones de La República, Estediario, El Deportivo Sport Magazine y Marca. Tuvo pasajes por radio CX 32 Radiomundo "Contacto Deportivo" y CX 38 Sodre. Redactor creativo del programa Vida Sana (Canal 5 Sodre), Jornalista en A PLATEIA Livramento, Brasil. Sub Editor de ACAURUGUAY.COM y Editor de www.diariouruguay.com.uy y www.futboluruguayo.uy. Es miembro de AER y presidente de la filial APU (Asociación de la Prensa Uruguaya) Rivera.


Deja un comentario

error: Este contenido esta protegido!!