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Lo vimos con nuestros propios ojos: el Castillo de Piria se está cayendo a pedazos

HECHALAMERICA POR PIRIAPOLIS. Del viaje de DIARIO URUGUAY.

Es marzo 2020. Y como vimos que el verano se extendió decidimos viajar fuera de temporada al Este del Uruguay. Se sabe que en el mundo hay cientos de sitios históricos abandonados, pero nunca pensamos que nos íbamos a encontrar con un panorama tétrico como lo es hoy el famoso y promocionado Castillo de Piria, que fuera la residencia particular de Don Francisco Piria en el balneario Piriápolis. Y más grave todavía es que este edificio tiene un valor patrimonial e histórico, donde a primera vista: muestra un deterioro por el paso del tiempo y poco mantenimiento, y lamentablemente DIARIO URUGUAY no pudo ingresar a las caballerizas -las cuales definitivamente no existen más porque el techo se vino abajo y tiene acceso prohibido – y tampoco pudimos ingresar a la azotea del Castillo porque por orden de la Junta Departamental, esa zona está inhabilitada (por tiempo indeterminado, así nos dijeron sus cuidadores) para visitantes o turistas de paso.
La verdad que el Castillo que está ubicado sobre la Ruta 37, a 5 Km de la Rambla de los Argentinos, ya no tiene el brillo del cual mucho se habló y se promocionó al mundo.

 

El autor del último libro editado sobre Piria, Eduardo Cuitiño nos adelantó: “Hoy Piria nos sigue vendiendo a partir de figuras dejadas adrede en una vereda, como una cruz templaria, una rosa, una flor de lis, una clave de sol. Antes que nada era un empresario que agregaba ceros y exageraba para vender”.

 

EN SUS DIAS DE CONSTRUCCIÓN. El castillo fue construido en 1897 por el ingeniero Aquiles Monzani, sobre diseño del propio Piria. Verdadera “mansión filosofal” al decir de Fulcanelli, hoy 2020, es un pálido reflejo del esplendor que tuvo en su época. Porque también buena parte de los símbolos han desaparecido…

“El señor Piria murió en el treinta y tres
a los ochenta y seis años, algo que no era muy común”. 

Don Francisco Piria: Saga de una larga vida cifrada bajo el nombre de la rosa

VEREDAS CAMINADAS POR RAMÓN MÉRICA para DIARIO URUGUAY.

La apertura al público por primera vez del Palacio Piria (actual sede de la Suprema Corte de Justicia) el pasado domingo 25 de agosto, provocó tanto asombro como curiosidad. No se trata de una vivienda común
ya no solo arquitectónicamente sino además por su creador y habitante, don Francisco Piria (1847-1933), el mayor empresario que haya tenido el país. Pero ocurre que ese señor era alquimista, algo de lo que no se suele
hablar, “Veredas” fue en busca de un experto en el personaje y en el tema: Jorge Floriano, 44, que persigue desde hace veinte años una máxima aproximación a ambos. En varios momentos, la conversación se tiñó de tonos inquietantes.

-¿La vida de don Francisco Piria estaba regulada por los preceptos alquímicos?
-Exactamente. La Alquimia es una filosofía muy concreta, que apunta a un estilo de vida, a una forma de vida, pero también es práctica. Generalmente, a la alquimia, la gente la tiene como aquello de la trasmutación de los metales en oro, pero hay más. Hay toda una filosofía de vida detrás. E incluso, el tema del oro, para el alquimista, es relativo. Es, simplemente, la comprobación de que llegó a un determinado nivel espiritual y que es capaz de dominar a la materia más densa, como puede ser un metal.

-Si el oro no es lo más importante, ¿qué es, entonces, lo que busca el alquimista?
-Más allá de la trasmutación de los metales, lo que busca el alquimista es la trasmutación de él mismo en un estado superior, en vida, todavía. De ahí lo que se llama el “elixir de la larga vida”, también llamado “oro potable”, que es lo que le permite al alquimista vivir mucho más que el común de la gente. El señor Piria murió en el treinta y tres a los ochenta y seis años, algo que no era muy común. Los alquimistas más conocidos, que vivieron en el mil trescientos, mil cuatrocientos, vivieron ochenta y nueve años, en una época en la que el promedio de vida era alrededor de los treinta y poco. O sea que, literalmente, habían triplicado su vida.

“Primero habría que tener en cuenta a Piriápolis, que no se iba a llamar así, sino que el nombre que él le puso era Heliópolis, Ciudad del Sol, y dentro de la alquimia el sol es el símbolo fundamental, es el símbolo del oro”.

LAS VÍAS DEL CONOCIMIENTO

-Y el mundo de la Alquimia ¿recorre toda la vida del señor Piria?
-Toda su vida. Él deja evidencias de ese conocimiento alquímico, incluso de algunos logros, en su obra. A dos niveles: tanto por escrito como en su libro “El socialismo triunfante”, lo que sería el Uruguay en doscientos años, una obra de mil ochocientos noventa y ocho, un libro editado y publicado por él mismo, de su bolsillo, y del cual editó veinte mil ejemplares.

-Si alguien quisiera ser alquimista ¿qué caminos tendría que tomar? ¿Cómo se transmite el conocimiento?
– Digamos que los alquimistas tienen tres formas de transmitir el conocimiento. El básico, por supuesto, es la forma oral, la transmisión de maestro a discípulo, que fue lo que Piria recibió de su tío, el monje jesuita en Italia. Hay que aclarar, además, que los jesuitas fueron los depositarios, los herederos de los conocimientos de los templarios y que cuando el Papa Clemente V condena a la Orden Templaria y la disuelve, ordena a los jesuitas destruir todo lo templario. Sin embargo, muchas cosas las conservaron, porque los jesuitas no eran tontos, entonces taparon el ojo destruyendo muchas cosas pero conservaron otras, y las siguieron transmitiendo. Ya el Papa Juan Veintidós había emitido una bula contra los templarios.

-En Montevideo ¿hay símbolos alquímicos más allá de los que envuelven el Palacio Piria?
-Por supuesto. La fuente que está en la Plaza Matriz, emplazada para celebrar el abastecimiento del agua corriente en Montevideo, esa fuente es netamente alquímica. Es un libro, un libro abierto sobre Alquimia. Y esa fuente es reproducción de una que fue hecha por los templarios. La original está en Florencia. Y el conocimiento alquímico también se trasmite de dos maneras más: una, por imágenes o textos, y también por esculturas. Esto se debe a que el rey francés Francisco Primero prohibió la edición del libros de una época, entonces los alquimistas cambiaron su forma de comunicar sus mensajes. Incluso la Sorbona tenía poderes de encarcelar a gente que tuviera libros alquímicos. Entraban a las casas de la gente donde hubiera libros y la mandaba a prisión. Eso fue allá por el Cuatrocientos.

“…en realidad nunca se fundó Piriápolis. Se fue haciendo poco a poco. Creo que debe ser única en el mundo como ciudad hecha por un particular…”

-No es casual, entonces, la obsesión de Piria por las estatuas. En el Palacio de la Plaza de Cagancha desaparecieron unas que eran de Capo di Monte, pero todos los jardines que rodean el Hotel Argentino están plagados de imágenes en mármol. Y en el Castillo de Piriápolis había toda una avenida, la de la entrada, flanqueada por decenas de figuras de terracota.
-Claro. Porque ellos sustituyeron el papel por la piedra y la letra por el ícono.Y Piria dejó mucha evidencia de su filiación alquímica. Primero habría que tener en cuenta a Piriápolis, que no se iba a llamar así, sino que el nombre que él le puso era Heliópolis, Ciudad del Sol, y dentro de la alquimia el sol es el símbolo fundamental, es el símbolo del oro. Además, es el símbolo del sol interior que todos tenemos.

– Y cuando él fundó Piriápolis ¿cómo lo llamaron?
– Es que en realidad nunca se fundó Piriápolis. Se fue haciendo poco a poco. Creo que debe ser única en el mundo como ciudad hecha por un particular. Ciudades como Washington, como Brasilia, creo que Sidney también, fueron hechas primero en el papel, fueron planificadas, y después se llevó a los habitantes. Pero hay mucha diferencia entre un estado que la haga, y un individuo que, personalmente, la levante.

 

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