Diario Uruguay
AHORA Ramón Mérica

Pilar Franco. Hablando francamente

LAS GRANDES ENTREVISTAS DE RAMÓN MÉRICA en Diario Uruguay.

Es la única sobreviviente de los hermanos Franco Bahamonde, una familia gallega que dio al mundo dos celebridades: Ramón, el que cruzó el Atlántico en el Plus Ultra, y Francisco, caudillo de España. Ella, por supuesto se cuenta como otra perla de ese collar, pero tampoco se equivoca: fue testigo y algo más de una etapa de la historia de este siglo, una observadora implacable de todo lo que ocurría alrededor del Generalísimo. En Madrid, hace algunas semanas, Ramón Mérica dialogó con ella en dos jugosas  tardes. Esa conversación ocupa las páginas 2 y 3 de esta edición.

Se había olvidado de nuestro encuentro. Por eso, entré en el pequeño salón, conducido por la muchacha, me miró como diciendo ¿quién es éste y qué hace acá?, pero bastaron dos palabras para recordarle que esa tarde, a las cuatro, yo tenía que estar allí y frente a ella.

DOÑA PILAR FRANCO, VIUDA DE JARAÍZ, NO ES SOLAMENTE LA ÚNICA HERMANA DEL CAUDILLO SINO UNA DE LAS INTERLOCUTORAS PERMANENTES, UNA CONFIDENTE, UN HERALDO QUE SOLÍA ENCERRARSE EN EL PALACIO DE EL PARDO CON SU HERMANÍSIMO PARA CONTARLE LO QUE OÍA POR ALLÍ, DARLE AL JEFE DEL ESTADO ESPAÑOL LA VISIÓN CALLEJERA, MEDIATA, DE LO QUE EL PUEBLO PENSABA SOBRE FRANCO Y EL FRANQUISMO

Apoltronada (literalmente), rodeada por mesitas tapadas de diarios, lo que indica que sigue sin perderse nada, doña Pilar Franco Bahamonde, hermana del caudillo de España, el generalísimo Francisco Franco Bahamonde, gallegos oriundos del Ferrol, se quitó los anteojos, me indicó un sitio para sentarme, se levantó, dijo «ya vuelvo», y yo aproveché ese tiempo para escrudiñar la habitación, hasta que volvió. Como se había olvidad de la entrevista, no se había «preparado»; pensé que la súbita desaparición en otras habitaciones era para pintarse o agregar algún collar, pero no. Volvió como se fue, se sentó en el mismo lugar-poltrona de antes, me hizo varias preguntas antes de soltar la lengua, pero en todo momento fue un personaje que me prendió, que me tuvo atado a su chispeante conversación de dos horas.

 

La habitación está completamente avasallada por peces, peces de cerámica trepados en repisitas, peces de cristal sobre las cómodas, peces de madera o de paja debajo de las mesas, peces, peces embalsamados sobre la chimenea, peces de todos los colores y materiales posibles, peces que han venido de las manos de Perón o de algún pescadorcito del norte, peces que le han regalado a lo largo de toda una vida en la que fue testigo, a veces protagonista, de una parte de la historia de este siglo.

Porque doña Pilar Franco, viuda de Jaraíz, no es solamente la única hermana del caudillo sino una de las interlocutoras permanentes, una confidente, un heraldo que solía encerrarse en el palacio de El Pardo con su hermanísimo para contarle lo que oía por allí, darle al jefe del Estado español la visión callejera, mediata, de lo que el pueblo pensaba sobre Franco y el franquismo, para ponerlo al tantode todo lo que la gente decía.

CONTINUARÁ en el libro HechalaMérica por Ramón Mérica

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