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Hoy es normal construir casas con botellas de plástico

El mundo se ahoga en el plástico. De los 300 millones de toneladas de residuos materiales que se producen anualmente en el planeta – solamente el 9% se recicla-, ocho millones terminan en los océanos. Según las Naciones Unidas, la tendencia continuará en esa línea. Se calcula que para el 2050 habrá más plástico que peces en los siete mares. Y el problema repercute en esferas inesperadas: investigadores estadounidenses encontraron, recientemente, fragmentos de micro y nano plásticos en el tejido humano.

Fue esta la realidad que inspiró a Igor Ustinov, en un viaje a Cachemira, en India, mientras visitaba uno de los proyectos financiados por la fundación que lleva el nombre de su padre, el fallecido actor inglés Peter Ustinov, muchas veces galardonado, en particular con dos Premios Oscar por sus actuaciones en Spartacus (1961) y Topkapi (1965) y quien fuera embajador de la UNICEF durante 37 años.

La fundación, que hace poco celebró su 22 aniversario, vive de las donaciones que recibe de los antiguos aficionados del actor. Financia proyectos en los sectores de la educación y en la construcción de establecimientos escolares. “Como presidente de la fundación visité un proyecto y me vino la idea de que se construyera un espacio de juego para los niños. Y como había tantos plásticos botados en las calles pensé que sería una buena idea utilizar ese material”, relata Ustinov.

A los 64 años, el escultor de origen británico con una estrecha y larga relación con Suiza -donde reside- cuenta con una carrera prestigiosa. Sus esculturas se exponen en diversos museos de muchos países. Los coleccionistas pagan varios miles de francos por contar con sus obras. Con formación en biología, en artes y en canto lírico en París, Ustinov se deja conmover y motivar por cuestiones importantes. “Durante mis viajes por el mundo me di cuenta de que lo que más necesita la gente es tener una vivienda digna, lo que a la postre resolverá sus otros problemas”, dice. Con esta perspectiva tuvo la idea de reciclar los residuos plásticos y convertirlos en viviendas. El plano diseñado no fue solamente un boceto artístico, sino un verdadero proyecto técnico. En 2017, ganó el premio a la mejor invención de la Federación Internacional de Asociaciones de Inventores (IFIA según sus siglas en inglés).

Casas como piezas de Lego

“La idea es clara: fabricar, a partir de plástico reciclado de botellas PET o PEF, un polímero de fuente sostenible y perfiles [piezas producidas en moldes] estandarizados como vigas y módulos que puedan ser ensamblados como piezas de LEGO. Después, estas estructuras, son rellenadas, sea con tierra o con cualquier otro material”, explica el artista.

Entrevistado en su estudio de la ciudad friburguesa de Romont, agrega que, gracias a la composición de las vigas, las casas son totalmente reciclables. Las estructuras se asemejan a cubos modulares de 3 metros de alto por 4,2 metros X 4,2 metros, que pueden combinarse para construir casas o edificios de hasta ocho pisos, como se muestra en el sitio web de la empresa.

El concepto se hizo realidad cuando Ustinov se unió a su amigo  André Hoffmann, vicepresidente de la multinacional farmacéutica Roche y presidente de la ONG ambientalista WWF entre 2007 y 2017 (y miembro de su Consejo desde 1998).

A fines de 2018, los dos fundaron el UHCS (Ustinov Hoffmann Construction System) después de cuatro años de investigación, en los que desarrollaron cinco diseños diferentes hasta concebir las viviendas UHCS fabricadas con plástico reciclable. Finalmente registraron cuatro patentes. La tecnología fue perfeccionada por una oficina de ingeniería con sede en Montreux, y luego por el Laboratorio Federal Suizo de Ciencia de los Materiales y Tecnología (EMPA). Y en la última etapa, recibió la certificación del Instituto de Ingeniería de Materiales y Procesamiento de Plásticos (IWK) con el sello internacional de estandarización ISO y SIA.

Activar la economía local

Pero los planes de Ustinov y Hoffmann no se limitan a la construcción de casas de plástico. Los dos empresarios quieren también desarrollar la actividad local a través de la “generación de una economía circular en torno a la reutilización del plástico”. Según el artista, los habitantes llevarían los residuos de plásticos a los centros de reciclaje y se les pagaría con pequeñas sumas que serían acreditadas en sus teléfonos móviles o en una carta magnética. El plástico se usaría más tarde para fabricar los perfiles.

El uso de plástico reciclado ahorraría recursos naturales empleados actualmente para la construcción civil, como la madera o la arena, “que se están volviendo productos escasos en el mundo”, señala Ustinov. Además, añade, “los módulos del sistema UHCS pueden adaptarse a la arquitectura local y a los materiales disponibles como la tierra. Solamente la estructura de la casa está hecha de PET o PEF”.

Al preguntársele si estas viviendas estarían destinadas a una población de bajos ingresos, Igor Ustinov reflexiona: “No solamente, aunque aún no podemos definir el valor ya que no se ha construido ninguna vivienda. El precio dependerá de la economía local”, señala y completa: “creemos que serán mucho más baratas que las casas convencionales.”

La reflexión se basa en la lógica del proyecto: la empresa emergente busca difundir la tecnología a empresas locales con un sistema cooperativo, donde los elementos de UHCS pueden ser producidos bajo licencia. “Por eso buscamos inversores locales”, añade. “Estamos abiertos a propuestas de cualquier parte del mundo. Me imagino que en países como Brasil, donde la producción de plástico y el problema de los residuos son grandes, sería un buen negocio”.

Primera vivienda

Para promover su concepto, Igor Ustinov y André Hoffmann participan en encuentros internacionales. En enero del 2020 estuvieron en la ciudad alpina de Davos, donde participaron de un debate en el Foro Económico Mundial (WEF). El público estaba conformado por empresarios, representantes gubernamentales y de organizaciones internacionales. El próximo paso es la construcción del primer prototipo.

Según el artista, la empresa emergente que dirige ya cuenta con varios planos. “Un proyecto piloto consiste en la construcción de una vivienda UHCS en el terreno de un agricultor orgánico, interesado en nuestro proyecto, en la región de Annecy, al este de Francia”, explica Ustinov. Evoca también dos proyectos actualmente en discusión: un edificio en Sion, Martigny o Conthey, en el Cantón del Valais, y un hotel en Dakar, capital de Senegal. Sin embargo, los socios aún no han decidido el lugar. El mensaje es importante: “nos gustaría que la primera vivienda fuera un símbolo: el de un nuevo mundo tecnológico que aporte a la humanidad el respeto por la naturaleza”.

Junto a sus esculturas y las fotos de su padre, en el taller donde trabaja, Ustinov reconoce vivir un presente desafiante: ” Aunque somos una empresa emergente, el hecho es que no somos los empresarios más jóvenes del mercado”, bromea.

Fuente: swissinfo.ch

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