Diario Uruguay
Ramón Mérica Veredas

Lo que era el Salto en aquellas épocas!

VEREDAS CAMINADAS POR RAMÓN MÉRICA para Diario Uruguay.

Habla un testigo viviente

“Veredas” investigó y descubrió que un descendiente directo de los Castro, primitivos copropietarios del hotel cuando por el Concordia pasó El Mago, vive en Montevideo. Se llama Ruben Castro Bertolotto, merodea los setenta, y no fue difícil arrancarle testimonios ya no sobre Gardel sino sobre un  estilo de vida que ya pasó. El estilo del Uruguay de las vacas gordas, y estamos hablando de una ciudad del interior, donde todo tendía a parecerse a París.

“En esa visita que hizo Carlitos a Salto, yo tendría unos cinco-seis anos. Vivencias que quedan. Un día me acarició la cabeza, nunca me olvidaré, como tampoco puedo olvidar la pinta que tenía, la ropa que tenía puesta: un traje marrón, chambergo, y siempre sonriendo.
Y yo vivía metido en el hotel: batía manteca, pelaba papas, servía los vinos, y me divertía como loco. Al lado del hotel mi abuela tenía una florería, pero sabe una cosa?

No eran flores naturales, sino artificiales. Se llamaba María Algabella de Castro, abuela también del diputado volonteísta Omar Castro Riera y de su hermana Olga, viuda de Dondo, que son primos míos.
La sociedad era Irigoyen y Castro hermanos. Unos pusieron la guita, mucha guita, y los otros el trabajo. Pese a todo ese trabajo, no ganamos lo que correspondía…


Un día, nosotros los Castro nos cansamos, vendimos todo, y ahí llega a hacerse cargo del hotel el “Cachilla” Escanellas, que vino casi con pantalón corto. Después un señor Maglio compró el hotel, que ahora lo administra una hija.
Lo que era el Salto en esas épocas! Le voy a contar: era un hotel de lujo que se sacaba chispas con el Biasetti, que todavía existe y está administrado por la “Calucha” Biasetti, hija de don Angel, el fundador. Pero en el Concordia todo era de ensueno. Por algo lo eligió Gardel, que podía elegir lo mejor. Escuche: el chef era francés. En la carta había quince platos refinadísimos, imposible comerlos todos, porque era mesa abierta. Un banquete. El champagne? Solamente francés.
Pommery y Veuve Clicquot. Había una cave solamente para el champagne y una cámara para las langostas! Y el filet Chateaubriand era cosa de todos los días, como ese postre que los montevideanos se mueren y que es el fuerte del restorán del Aguila, el “omelette surprise”. En el Concordia, eso era cosa de todos los días.

LOS VIAJEROS ENAMORADIZOS

Le voy a contar algo típico del Concordia: la fluidez de pasajeros viajantes de comercio. Para ellos, Salto era el epicentro, y así estuvieran en Rivera…

Noticias relacionadas

Mercedes Vigil sobre Ramón Mérica. “Otro intelectual de la hostia olvidado…”

Eduardo Merica

El Retiro. Continuidad del Gran Parque

Eduardo Merica

El escándalo público que generó el reportaje de Ramón Mérica a Fernando Morena

Eduardo Merica

Deja un comentario