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A 24 años de la misteriosa desaparición de la niña Karen de la ciudad de Rivera

ROBERTO BETO ARAUJO desde Rivera para Diario Uruguay
Mañana estarías cumpliendo 32 años.
Bueno, que va, mañana “estés donde estés , si es que estás” estarás cumpliendo 32 años.
En aquel frio atardecer del 2 de junio de 1997, un café con leche se enfriaba en la mesa de la cocina, cuando la madre llegaba del mercado, y notó la ausencia de la Karen …
Hace 24 años que tu retrato no está ni en marchas, ni en vidrieras irrespetuosas del cambalache intencionado de una línea partidaria, para la que no cuentas ni importas
En vano fueron las búsquedas de vecinos, policías, voluntarios que se sumaron en la titánica tarea de procurarte; pero todo fue en vano, pues parecía que te habías esfumado en el aire, y desde entonces cada 9 de junio hay un vacio imposible de llenar, y una torta que no tiene quien sople las velitas, un regalito sin abrir.
Karen Daniela había desaparecido, y su figura, su foto , su retrato no aparece cada 20 de mayo en esa marcha que en su ausencia, parece decir o gritar que en este paisito hay desaparecidos clase A y de la otra.

Es así como si el dolor de la ausencia se mida y calibre acorde a la convencía política e ideológica, y guardo silencio para no calentarme.

Y ya hace 24 años de ese silencio doliente, que el olvido intenta apadrinar de manera injusta y perversa.

Un desaparecido, ya lo dijo alguien, es aquella voz que esperamos oír cada vez que suena el teléfono, es ese rostro que nos parece ver entre la multitud indiferente, que emerge de la ventanilla de un ómnibus que nos mira y se esfuma y que nos hace correr unas cuadras hasta que el trafico la devora, es esa figura que esperamos encontrar cuando sentimos el toc toc de la puerta.

Un desaparecido es ese olvido que se hace placido sueño del que no queremos despertar, es ese alarido que nos comprime en la pesadilla y que se repite una y otra vez, es ese regalo que falta en Nochebuena.

Pero que se va hacer, si en este paisito hay desaparecidos que se reivindican y desparecidos que se desprecian.

Porque en este mundo tan clasista se busca a una rubiecita de ojos claros que despareciera en una playa Vip de Portugal, y que se la procura por cada rincón del mundo una y otra vez , y hay desaparecidas trigueñas de ojitos tristones que parece pedir en la candidez de su mirada, que por haber desaparecido en un arrabal de mi barrio, nadie ni la recuerda ni la busca.

Salvo los suyos claro, esos suyos entre los que me cuento por cierto , porque por ser de mi barrio es parte importante de mi existir colectivo.

24 años han pasado, su nombre no hace eco en las marchas de mayo por 18, ni su retrato está colgada en la vidriera del IPA; que va estar … si en este mundo corroído de hipocresía hay desparecidos de clase A, y de la otra que ni se nombra.

Mañana, donde quiera que estés (si es que estas) etarias cumpliendo 32 años, y hace ya 24 que ya no soplas las velitas de tu tortita. Hace 24 años que tu madre no recibe ese beso mojado de tus labios que tanto extraña, ni el segundo domingo de mayo se sorprende con una artesanía casera que te enseño la maestra.

Hace 24 años que tu retrato no está ni en marchas, ni en vidrieras irrespetuosas del cambalache intencionado de una línea partidaria, para la que no cuentas ni importas.

Pero en estas humildes líneas, quiero decirte que en los desencajados adoquines de tu barrio, hay una comunidad que no te olvida, y que no ceja en la esperanza de que cada 9 de junio poder decirte “Feliz cumpleaños” , y nunca , nunca jamás hemos de dejar de soñar que un día vuelvas al barranquito barroso de tu casa materna, donde tu café con leche sigue enfriándose a espera de que lo bebas, para saciar nuestra sed de justicia.

He dicho!!!!