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viernes 24 noviembre 2017
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El sistema no funciona

El sistema no funciona

LA OPINIÓN EN EL URUGUAY. Desde su Facebook Ricardo Juan Lombardo. A menudo suele decirse que el mundo está lleno de injusticias y que algo no está funcionando bien.
Se atribuye muchas veces al sistema capitalista ser el culpable de estas cosas. La evidencia muestra lo contrario. La extraordinaria reducción de la pobreza que se produjo en el planeta en las últimas décadas, se corresponde exactamente con la incorporación de la economía de mercado en China.

Pero la sensación de frustración perdura y parece acrecentarse.
Hasta Mark Zuckerberg, el joven multimillonario fundador de Facebook ha dicho recientemente en la Universidad de Harvard:
“Hay algo mal en nuestro sistema si yo puedo salir de aquí y ganar miles de millones de dólares en 10 años, mientras millones de estudiantes no pueden pagar sus préstamos y mucho menos iniciar un negocio”.
Sin embargo, los que hoy son considerados íconos de las la riqueza, si es que la hicieron por procedimientos lícitos, son personas que pudieron poner de manifiesto habilidades que poseían y la sociedad los premió por ello: compró sus productos, asistió a sus conciertos, concurrió a ver sus películas o se deleitó admirando sus despliegues deportivos.

Bill Gates, desde hace décadas considerado el hombre más rico del mundo, revolucionó nuestras vidas convirtiendo los mastodontes de cables y circuitos que eran las computadoras primitivas, en un artículo de consumo personal que hoy ya no podemos abandonar. Los derechos de la venta de los artefactos y software que creó fueron adquiridos masivamente por todo el mundo.

Otro tanto ocurrió con el ya fallecido Steve Jobs, que nos acercó nuevos y muy creativos instrumentos que transformaron vertiginosamente nuestra existencia: los smartphones, los ipod, ipad, etc.

Warren Buffet es un mago de las finanzas. Julia Roberts cobra cuantiosos cachés por aparecer en películas donde todos nos deleitamos con su belleza y sus dotes actorales. Messi y Cristiano Ronaldo maravillan al mundo con sus condiciones futbolísticas, la atractiva cantante Taylor Swift arrasa con la música joven y tempranamente se ha convertido en multimillonaria. LeBron James, sorprende en el basquetbol.

Todos son ovacionados y admirados. La gente paga para verlos actuar o consumir sus productos. A veces cifras astronómicas.
¿Es injusto eso? ¿No funciona el sistema para ellos?
El problema es cuando se compara con los restantes miles de millones de habitantes de la tierra, muchos de ellos con tan extraordinarias habilidades como los exitosos, que no tienen oportunidades para ponerlas de manifiesto.
Así que donde falla el sistema es en otro lado. Es en las estructuras sociopolíticas que impiden el éxito.

Veamos América Latina, por ejemplo. Somos algo más de 600 millones de habitantes, donde el 29,2%, o sea 175 millones son pobres. Entre ellos, 75 millones de indigentes.

Según la CEPAL, estas cífras, tanto de pobres como indigentes, han aumentado en el último año.
Mientras esa dramática realidad se constata, uno comprueba que se han montado desproporcionadas estructuras burocráticas que sirven de muy poco y se asiste a la danza de los millones mal habidos por los gobernantes.
Enumerar la cantidad de organismos regionales da hasta pudor. Aladi, SELA, Mercosur, Unasur, Parlatino, Parlasur, Banco del Alba, CEPAL, Fondo Latinoamericano de Reservas, URUPABOL, Comunidad Andina, OEA, BID, SICA, etc.

Si uno se propusiera medir los resultados de estas organizaciones, desde que fue fundada la ALALC, predecesora de la ALADI, seguramente le promovería una gran indignación por su extraordinaria ineficiencia: elevadísimos costos y magros resultados. Salvo el impacto de algunos créditos del BID, o los acuerdos comerciales, el resto es un gran gastadero de plata, que uno podría perfectamente calificar de verdaderos “curros” destinados a generar viajes y viáticos a los parlamentarios o a alimentar una burocracia internacional que se justifica a sí misma. Por supuesto que, como siempre, hay excepciones y organizaciones y funcionarios ejemplares. Pero lo que define en general al sistema, la visión a grandes rasgos, es el despilfarro y la ineficiencia.

Si a eso se le agrega el desproporcionado tamaño de los estados de los diversos países que se han convertido en una forma de ejercer el control por parte de los sectores dominantes, empieza a tener una sensación de claustrofobia que es la que seguramente están percibiendo los jóvenes latinoamericanos de hoy.

Pero si además toma en cuenta las horripilantes revelaciones que demuestran la existencia de una corrupción galopante y generalizada, como las casi pornográficas cifras que extrajeron los kirchneristas de las arcas públicas, para constituir multimillonarias fortunas personales con la excusa de lograr financiamiento para sus movimientos políticos; o las impactantes denuncias sobre las coimas de Odebrecht no solo en Brasil sino en el resto del continente, así como las derivaciones del escándalo de Petrobrás, uno comprueba que el sistema no está funcionando como corresponde.

Peor aún, ante las evidencias sobre corrupción que agreden, en lugar de advertir una condena pública aleccionadora, se ve en las calles manifestaciones a favor de los implicados en estas verdaderas exacciones de las arcas del estado. “Roba pero hace”, parece haber quedado impregnado lamentablemente en la cultura de nuestros países.
Aún permanecen, sosteniendo el palo de la carpa, algunos fiscales valientes como Moro en Brasil, o Bonadío en Argentina, que se mantienen firmes aún después de la indignante eliminación del Fiscal Nisman cuando se aprestaba a declarar ante el Congreso para denunciar a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Parecen solitarios y tristemente desguarnecidos. No hay manifestaciones a favor de ellos en las calles.

“Encontrar tu propósito no es suficiente. El reto de nuestra generación es crear un mundo en el que todos tengan un sentido de propósito”, dijo Mark Zuckerberg en la misma conferencia ya citada.

Eso es lo que la América Latina necesita. Sacarse de encima todas esas estructuras anacrónicas construidas con la excusa de mejorar las condiciones de los más desposeídos, pero que han servido para consolidar el poder y la fortuna de unos pocos gobernantes. Son expresiones actualizadas, de los viejos dictadores que tanto definieron e hirieron a nuestro continente.

No queremos ni necesitamos más gente que crea que solo redistribuyendo ingresos, creando estructuras gubernamentales gigantescas e incontrolables que opriman con impuestos a las clases medias, van a solucionar la situación. Los resultados golpean a la vista. El 30 % de los latinoamericanos siguen por debajo de la línea de pobreza, luego de que una ola de gran prosperidad invadió la región durante más de una década como consecuencia del aumento de los precios de las materias primas. Mientras tanto, miles de millones de dólares danzan entre la corrupción de sus gobernantes o el financiamiento de una estructura burocrática prácticamente inútil.

Lo que necesitamos son oportunidades y un sentido de propósito para todos. Es preciso crear un nuevo tiempo que permita que los Zuckerberg, los Gates, las Julia Roberts o Taylor Swift surjan de los cientos de millones de niños latinoamericanos que tienen escondidos talentos que las estructuras sociopolíticas no les permiten desencadenar.
Capacitación, buenos ejemplos, créditos, alentar el emprendimiento y la iniciativa. Apoyar a los individuos para que puedan sobrevivir y crecer por sus propios medios y que no tengan que depender ellos y su descendencia de la caridad pública o del favor de los políticos dominantes.

El sistema, así como está, no funciona. Y no porque haya gente exitosa en el mundo. Sino porque hay demasiados fracasados debajo de una estructura de poder que los aplasta.



Eduardo Mérica, periodista uruguayo desde 1979. Integrante de las redacciones de La República, Estediario, El Deportivo Sport Magazine y Marca. Tuvo pasajes por radio CX 32 Radiomundo "Contacto Deportivo" y CX 38 Sodre. Redactor creativo del programa Vida Sana (Canal 5 Sodre), Jornalista en A PLATEIA Livramento, Brasil. Sub Editor de ACAURUGUAY.COM y Editor de www.diariouruguay.com.uy y www.futboluruguayo.uy. Es miembro de AER y presidente de la filial APU (Asociación de la Prensa Uruguaya) Rivera.


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