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Martes 25 Julio 2017
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Gonzalo Abella y Protección de la intimidad

Gonzalo Abella y Protección de la intimidad

LA OPINIÓN EN EL URUGUAY. Desde su Facebook Gonzalo Abella para Diario Uruguay.

Los antiguos imperios desarrollaron sistemas y códigos para proteger (encriptar) sus comunicaciones, para espiar la intimidad de los pueblos sometidos y para descifrar los mensajes de los posibles rebeldes. Los estados soberanos, como Haití en 1804, debieron desarrollar sus servicios de inteligencia y desinformación. El sistema de comunicaciones de la Liga Federal Artiguista se basaba en “chasques” a caballo con códigos, contraseñas y refugios monteses que respondían a un plan audaz y sabio. Este plan de comunicaciones fue entregado por Rivera al enemigo en 1817, precipitando la derrota final.

En este sentido, nada ha cambiado y, mientras haya opresión, nada cambiará.

Vivimos en un Estado pequeño cuyo Gobierno ha entregado la soberanía relativa que alguna vez tuvo. Cuando se entrega hasta la tierra y el agua, también deben abrirse las puertas al ojo vigilante de los amos extranjeros. Esa sumisión no es sólo por razones políticas y militares; es parte de las garantías a la inversión que aportan las trasnacionales.

La vigilancia sobre nuestro pueblo parece todopoderosa. El control absoluto sobre nuestros teléfonos y nuestras búsquedas en internet, sobre nuestros desplazamientos dentro y fuera del país, sobre el uso de la tarjeta de crédito (dónde y cuánto recibimos, dónde, cuánto y en qué consumimos), nuestras conversaciones en lugares que creemos privados, el espionaje recientemente descubierto y relativizado o negado por el gobierno, el “Guardián” y sus colaterales que no conocemos, los satélites geoestacionarios que pueden filmarnos y reconocernos orinando junto a un árbol. Todo llega al satélite adecuado que procesa y guarda TODO, en distintos archivos miniaturizados que procesan los datos a velocidad cuántica. Estos archivos en red están programados para establecer el grado de prioridad de cada dato obtenido y relacionarlo con el todo, para rearmar los puzles que les interesan. En vano usamos códigos sofisticados; parece que hoy todo puede descifrarse.

Pero la resistencia de los pueblos es hoy más invencible que nunca. No hay sistema de vigilancia que no pueda ser burlado si lo conocemos, si tenemos sobre él toda la información posible y tenemos el coraje y la paciencia para confundirlo, desorientarlo y volverlo ciego.
Un colectivo de diez personas cuyos pasos se monitorean permanentemente por medios físicos y electrónicos, se vuelve menos controlable si se transforma en un colectivo de cien. Una medida de vigilancia y protección de nuestra intimidad, medida perfectamente neutralizable por los sofisticados medios del poder, tiene una nueva fortaleza si se combina con diez medidas similares.

Además, los equipos más sofisticados de espionaje contra el pueblo no “leen” los procedimientos más artesanales y anticuados. Muchos movimientos de pueblos oprimidos usan menos internet y han vuelto a la máquina de escribir, la fotocopia y el multicopiado, y a la circulación de sus comunicaciones en paquetes comunes, que viajan en los medios de transporte público más atiborrados.

Bajo un sistema de opresión enmascarado en la democracia formal burguesa, toda sensación de seguridad es una trampa. El pretexto de la vigilancia es el objetivo (anhelado por todos) de frenar la delincuencia, el terrorismo y el narcotráfico. Cuanto más odiemos la violencia, más debemos proteger la intimidad de nuestra cotidianeidad y de nuestras acciones colectivas. Debemos combinar la fraternidad con la vigilancia interna. Nunca debemos ocultar el plan político que nos mueve, porque sin democracia interna no hay acción de pueblo que perdure; pero tenemos que mantener cierta reserva sobre los pormenores de lo que estamos haciendo en función del plan común, y sobre los nombres de quienes nos acompañan. Sólo a la hora de elegir nuestros representantes removibles, la transparencia de su trayectoria exige un examen colectivo y pormenorizado.

Frente a la vigilancia de un Poder con miedo, que ya nos quiso vincular hasta con las barras bravas, nuestra arma invencible es la alegría de trabajar por un proyecto de Patria. Nuestra alegría es el terror de los que han abandonado los principios.



Eduardo Mérica, periodista uruguayo desde 1979. Integrante de las redacciones de La República, Estediario, El Deportivo Sport Magazine y Marca. Tuvo pasajes por radio CX 32 Radiomundo "Contacto Deportivo" y CX 38 Sodre. Redactor creativo del programa Vida Sana (Canal 5 Sodre), Jornalista en A PLATEIA Livramento, Brasil. Sub Editor de ACAURUGUAY.COM y Editor de www.diariouruguay.com.uy y www.futboluruguayo.uy. Es miembro de AER y presidente de la filial APU (Asociación de la Prensa Uruguaya) Rivera.


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