Search
miércoles 22 noviembre 2017
  • :
  • :

Veredas. El Prado: Un barrio, una cuadra, un par de casas

Veredas. El Prado: Un barrio, una cuadra, un par de casas

VEREDAS CAMINADAS POR RAMÓN MÉRICA.
– Por aquí pasaron

– UN BARRIO, UNA CUADRA, UN PAR DE CASAS

Todo empezó con el anuncio entre amigos – sin letrero a la vista, como nunca lo tendrá -de la venta de una casa en el Prado. Como bien lo sabe el periodismo de seguimiento, una idea de nota oculta mil otras. Es lo que ocurrió con la investigación epocal de esa residencia de la cual “Veredas” conocía algunas hilachas de su historia.

Algunas noches, la pluma del editor se detenía ante un mandato que le parecía divino. Algo de eso había. Por un rato dejaba de angustiarse ante el bochornoso ajedrez de la Guerra Fría y sus secuaces, se permitía descansar las manos sobre el escritorio y miraba sin ver hacia la ventana de la casa vecina desde la que se expandía, generoso entre los bosques del jardín, el hilo de voz más sugestivo que jamás había escuchado, la cuerda mejor afinada, el misterio cantado como lo pedía Debussy o Fauré y como obedecía la invisible y magnífica señora que propugnaba ese milagro.

Hacia 1954 ya habían pasado unos doce años que el doctor Carlos Quijano y su familia habitaban la preciosa casa de Buschental 3461, pero jamás imaginaron que a la gracia natal del inmueble pergeñado alrededor de 1909 por Federico Capurro Ruano, algún día se le agregaría el encantamiento sin horas de las modulaciones de la gran Ninon Vallin, una gloria de Francia que se convertiría en una bendición para el Uruguay.

Porque aunque muy gente lo sepa, Mlle Vallin vivió un par de años como vecian de los Quijano Capurro, en la residencia del doctor Pedro Barcia y su mujer Lucía Capurro Ruano, en esa casa que ahora está a la venta. En esos dos años entre 1954 y 1956, la casa de sus anfitriones fue una verdadera colmena de música, sobre todo de cantantes, que no dejaron pasar aquella oprotunidad única de acercarse a conocer y hasta estudiar con la “Impératrice du Chant”, como la llamaban los críticos y admiradores.

 

LA CARRETA DE EL PRADO

EL PRADO DE LOS MILAGROS

Como es que Mlle Vallin llegó a instalarse en la Avenida Buschental 3467 es una historia que nadie conoce mejor que la doctora Olga Barcia Capurro de Kadsorf, 82, moradora de la casa junto a su marido el oncólogo Helmut Kasdorf desde hace más de medio siglo. Sin dejar de mirar los añosos robles de su jardín a través de los ventanales, la señora susurra:
“Mis padres iban a las temporadas de ópera en el Colón y allí oyeron a Ninon y pensaron que era algo excepcional. Mamá se puso en contacto con ella, y como mamá cantaba, Ninon le dio clases. También la vio en Europa, la visitó en la chacra que Ninon tenía cerca de Lyon, La Sauvagére y de discípula y maestra.

Entonces en el momento en que se iba a formar el Conservatorio Nacional de Música dirigido por Carlos Estrada, que era mjy francófilo y sabía muy bien quién era Ninon, mi madre le sugirió contratarla como maestra de canto.

Entonces mis padres le ofrecieron un pequeño apartamento en la planta baja, con salida individual al jardín, y allí estuvo esos dos años, enseñando y preparando algunas de las grandes voces del Uruguay, como Raquel Adonaylo, entre otras. Eso era el cincuenta y cuatro.

En aquel momento Ninon tendría unos sesenta y cuatro años, estaba semi retirada, pero todavía cantaba. Incluso en esos años hasta grabó un disco con varias canciones. Fue extraordinario para el mundo musical uruguayo la presencia de Ninon en Montevideo. Mamá, antes de que ella llegara, le preparó un grupito de alumnos con los que iba a trabajar, como Elena Gioscia, Isabel Lussich y su hermana Yvonnette y después fueron agragándose muchos más. También en ese grupo estaba Mimí Satre, que era discípula de mamá”

VEREDAS DE MERICA EN EL PRADO

PERICON Y CHAMPAGNE

A pesar de que adoraba el canto, mamá prefirió enseñar en vez de cantar. Cantó en público muy escasas veces. Recuerdo, una vez que lo hizo para la Facultad de Medicina cuando cayó Polonia, y entonces hizo algo de Chopin. Pero nada más.

Fueron años imborrables los que pasamos en casa con la presencia de Ninon. No solamente era una cantante impresionante, sino un ser humano excepcional, de una sencillez y una modestia que no calzaban con su celebridad.

Me acuerdo, sobre todo, que le encantaba cocinar, como buena francesa. Y muchas veces rezongaba porque no encontraba los ingredientes que precisaba para sus recetas, pero aun así las hacía, aunque algunas veces le quedaban tortas duras como piedra. Ella era de Millery cerca de Lyon, y cuando volvía tenía traía las recetasde una cuñada y también se traía los vinos,y las mermeladas caseras, una maravilla. Un día, después de su caminata diaria, rigurosa, por aquí por El Prado, dijo que tenía ganas de divertirse y de tomar champagne. Ya había dado la recorrida por Buschental, Diecinueve de Abril, Lucas Obes, el Botánico, la Rural y al volver fue que dijo eso. Entonces nosotros nos unimos a esa alegría, empezamos a tocar el pìano con canciones populares, a cantar a viva voz y a bailar y a tomar champagne. Cuando quisimos acordar, estábamos en pleno Pericón, con relaciones y todo, y tomando champagne.¡Pericón con champagne, qué cosa más extravagante!.

EL GRAN DESFILE

Hubo una sola personalidad artística internacional que de paso por Montevideo no vino a saludar a Ninon; Lilí Pons. En cambio, Ninon fue a escucharla. Me invitó y fuimos con ella al Solís. Todo el público estaba muy ansioso por escucharla en el momento tan difícil del Re altísimo de “Lucía de Lammemoor”, creo que es un Re, hasta que llegó ese momento. Lo hizo muy bien, por cierto, pero al final con Ninon nos miramos y no dijimos nada. Lo que hacía Lilí no tenía nada que ver con el método de Ninon, era otra cosa, era muy Hollywood, hasta en el vestuario, pero Ninon no dijo nada. Yo me di cuenta perfectamente de lo que pensaba.

Los demás grandes vinieron todos a esta casa: Marian Anderson, se pasó una tarde entera charlando con Ninon en el sofá frente a esa estufa; Madeleine Renaud y Jeann Louis Barrault vinieron apenas llegaron a Montevideo, y en esa gira trajeron el “Cristóbal Colón de Claudel con música de Pierre Boulez. Por eso es que Boulez también vino para dirigir la orquesta, ya eran amigos con Ninon, y ella lo llamaba “Petite Boulle”. Vino mucho a esta casa.

Esta ha sido una casa muy tocada por la magia de los artistas. Mucho antes que viniera Ninon, mi padre solía invitar aquí a casa a Eduardo Fabini, que era un hombre muy taciturno, muy depresivo, según oía yo decir a mi padre, que repetía:“Hay que invitarlo. Hay que inviatrlo. Hay que levantarle el ánimo…”

El piano, un Bossendorfer caoba de cuarta cola, estaba junto a esa pared. Ese sí que que es un piano con historia. Creo que ahora lo tiene una familia Altolaguirre. En ese piano, de pantaloncito corto, venía a tocar Héctor Tosar, porque en esta casa siempre hubo una devoción absoluta por la música. Como si fuera poco, desde hace algunos años, en la parte alta, en un apartamento privado, vive la cantante Alba Tonelli, que también estudió con Ninon. Es como que todo se hubiera conjuntado para que esta casa tenga un sonido propio.

Pero nos tenemos que ir. Es una casa muy grande, el jardín requiere cuidados permanentes, y todo eso es muy costoso y muy complicado. Así que nos tenemos que ir. Seguramente al centro, donde está todo a mano, donde a nuestra edad es más fácil vivir, pero El Prado es El Prado…”



Eduardo Mérica, periodista uruguayo desde 1979. Integrante de las redacciones de La República, Estediario, El Deportivo Sport Magazine y Marca. Tuvo pasajes por radio CX 32 Radiomundo "Contacto Deportivo" y CX 38 Sodre. Redactor creativo del programa Vida Sana (Canal 5 Sodre), Jornalista en A PLATEIA Livramento, Brasil. Sub Editor de ACAURUGUAY.COM y Editor de www.diariouruguay.com.uy y www.futboluruguayo.uy. Es miembro de AER y presidente de la filial APU (Asociación de la Prensa Uruguaya) Rivera.


Deja un comentario