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Viernes 18 Agosto 2017
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Veredas. El Art-Déco no fue solamente un juego entre bellas formas

Veredas. El Art-Déco no fue solamente un juego entre bellas formas

VEREDAS CAMINADAS POR RAMÓN MÉRICA. Un libro imprescindible del Arq. J. P. Margenat.

El libro, como la conversación de su autor, participa de la misma serena y sobria elocuencia, la precisión de los datos, la seriedad de los juicios. Desde la cubierta (una foto en fuga desde abajo de la parte superior de la ex Confitería Americana, en cuya planta baja funciona hoy la Galería Florida) se nota el aplomo con que el arquitecto Juan Pedro Margenat se abocó con su editor Dardo Sanzberro a la construcción de este volumen impecable, tanto en sus conceptos como en las excelencias de las fotos y de las impresiones, blanco y negro y color, de sus paginas interiores. “Arquitectura Art-Déco en Montevideo”(1925-1950) es su puntual bautismo editorial. Para los interesados en el tema es imprescindible; para los neófitos, motivo de segura sorpresa, sino asombro. Una manera de querer más y mejor a esta ciudad.

Nació -de ahí el nombre con que pasó a la historia del arte y la arquitectura- en 1925, a raíz de la Exposición de las Artes Decorativas de París, y ya estaba agonizando en 1937, aunque en países lejanos a Europa, su agonía duró varios años más. Es el caso de Uruguay, donde todavía se percibían estertores de su caligrafía en 1950. A fines de 1994, apareció en Montevideo un valiosísimo aporte para mejor entender el fenómeno Art-Déco en el país y en el mundo y por qué en Montevideo florecieron tantos espléndidos ejemplos como hongos después de la lluvia. Como lo definió alguna vez con irónica puntería la crítica de arte de este diario, Alicia Haber, “ese estilo que cuando nació todos decían que era divino, después dijeron que era horroroso y ahora otra vez volvió a ser divino”. Caprichos de la moda.
-…y de lo que yo conozco de América Latina , me da la impresión de que Montevideo posee realmente una cantidad y una calidad de obras Art-Déco realmente muy elogiable.

-Eso coincide con una afirmación muy frecuente de gente que sabe lo que dice, sobre un hecho comprobable: la gran arquitectura uruguaya va desde el veinte al cuarenta, estirándose un poco hasta el Cincuenta. En medio de eso, desde el veinticinco al treinta y siete, es que se funda y agoniza el Déco, y es cuando también asoman hilachas de actitudes dogmáticas.
-Es verdad. Los dogmas cuando nos formamos, cuando adquirimos nuestra formación de estudiantes, que corresponde a la arquitectura de todo el movimiento moderno, tenía una doctrina, una teoría muy dogmática…

-Esos dogmas, ¿de dónde provenían?
-Naturalmente, de Europa. Y eso se reflejó en América Latina. Por ejemplo: a nivel de nuestro país, yo diría que uno de los nombres más paradigmáticos es Carlos Gómez Gavazzo, que escribía, polemizaba, hacía doctrina, y sus obras respondían muy fielmente a su ortodoxia, a la manera de Le Corbusier, que era un poco su maestro. No fuimos los únicos: en todos los países de América Latina hubo ortodoxia. Eso llevó a que muchas obras que no correspondían a la ortodoxia del Modernismo, eran ignoradas.

-El subtítulo de su libro reza:”Cuando no todas las catedrales eran blancas”. ¿Qué quiere con eso?
-Eso es my interesante y tiene que ver con lo que estábamos hablando: el tema de la ortodoxia. En los tiempos en que yo era estudiante, abía un libro clásico con el cal dormíamos sobre la cabeza, un libro de Le Corbusier que se llamaba “Cuando las catedrales eran blancas. Sabemos que Le Corbusier era un duro de la ortodoxia, un polemista muy duro, cuando nos formamos. Hoy su obra es muy criticada, muy polémica, pero no se puede negar que es uno de los maestros del siglo. Y aquí, entre nosotros, también campeaba la ortodoxia: ese gran arquitecto y profesor que fue Leopoldo Carlos Artucio, a quien todos seguimos admirando, condenó el edificio del Palacio Rinaldi, Dieciocho y Plaza Independencia, donde estaba el viejo Cambio Mesina, un hermoso edificio Art-Déco, pero él lo condenó. Y eso era propio de la ortodoxia.
El Edificio Lux de 1936, en la proa de las calles Rodó y Constituyente, obra de la sociedad Isola-Armas, también autores del Palacio Rinaldi de 18 de Julio y Plaza Independencia.
Y POR CASA, COMO ANDAMOS?

-¿A qué cree usted, arquitecto Margenat, que se debe la variedad y cantidad de arquitectura Déco en Montevideo, y no hablo solamente de los grandes monstruos, sino de pequeñas casitas en los barrios…?
-A muchos factores. Primero, que hubo muchos contactos con Europa, con los Estados Unidos, la penetración de revistas especializadas y otras vías.

-¿Tendría que ver esa proliferación con una realidad económica? ¿El Art-Déco era caro?
-Por partes: tendría que ver con una realidad económica, claro, pero también social e hsitórica. Y lo segundo: el Art-Déco en Europa era caro, pero en nuestro país fue más aplacado, más sobrio, menos ostentoso, por ejemplo, que los rascacielos de los Estados Unidos y que los cines de los Estados Unidos. Yo diría que una cosa que tal vez influyó mucho fue la actitud de apertura a la modernidad que existía en nuestro país en esos años. No olvidar que veníamos de los triunfos deportivos del veinticuatro, veintiocho y del treinta, que estaban las reformas de Batlle, que había un presidente muy joven como Baltasar Brum, de treinta y cinco años, que había unos carnavales fabulosos, y todo eso provocaba una actitud muy abierta, más moderada, y eso es lo que ofrecía el Art-Déco: una actitud más moderada, de cara a la Modernidad, en lugar de la actitud radical del movimiento moderno.

-En el Uruguay, ¿ya se lo conocía con ese nombre?
-No. se lo conocía simplemente como arquitectura moderna, a veces con otros apelativos como Jazz o Zig Zag o
Decorativo moderno. Pero hay algo que es necesario destacar: mientras en Europa el Déco se desarrolla en objetos
decorativos, en Uruguay se desarrolla ostensiblemente en la arquitectura…

-Debe ser por eso que los europeos, cuando llegan a Montevideo, se asombran de la abundancia arquitectónica Déco.
-Claro. Y también hay otra gran influencia Déco: las escenografías cinematográficas de la época, como “Metrópolis”de Fritz Lang, por poner solo un ejemplo. Y además hay que marcar la autenticidad con que los arquitectos uruguayos recrearon un lenguaje, lo reinterpretaron y le dieron una expresión de una enorme calidad. Yo he tenido oportunidad de guiar a arquitectos extranjeros que llegan a Montevideo y quedan realmente maravillados con nuestra arquitectura, y la gran sorpresa se la llevan con el Déco. Se sorprenden con el viejo Palacio de la Cerveza, hoy Club Sudamérica, con el Palacio Díaz, el Edificio Tapie, en Constituyente y Santiago de Chile, el Edificio Mástil, que todos conocemos como el Expreso de Pocitos y muchos otros.
El Edificio El Mástil en Pocitos, otro ejemplo edilicio del Art-Déco montevideano. Es de 1935, y hoy reconocido como la esquina del Expreso de Pocitos, en Avenida Brasil Benito Blanco, del arquitecto Gonzalo Vásquez Barriere, quien, junto a Rafael Ruano, erigieron el Palacio Díaz.

LUMBRERAS DEL CALCULO, LUMBRERAS DE CEMENTO

-Al igual que Montevideo, hay otra ciudad en América famosa por su abundancia Déco, al que han transformado en un atractivo turístico: Miami. ¿Qué diferencia hay entre el Déco de Miami y el de Montevideo?
-Yo diría que no hay mucha. Porque todo el Déco latinoamericano se parece por su falta de ostentosidad, por su equilibrio en el empleo de los efectos decorativos, todo lo contrario del de Nueva York, que es espectacular, colosal. Por eso, Miami es más parecido a la expresión latinoamericana que a la norteamericana.

-¿Cuáles son, a su juicio, los mejores ejemplos del Déco en Montevideo?
-Yo diría, a nivel del Palacio Lapido o del Edificio Centenario, el Edificio El Mástil, hoy conocido como el Expreso de Pocitos. Otro ejemplo, magnífico también, que deja maravillado a los arquitectos extranjeros que nos visitan, el Palacio de la Cerveza, hoy Club Sudamérica en la calle Yatay, particularmente su interior, que es maravilloso, donde todo está diseñado, apliques, mesas y esa enorme lámpara que es maravillosa y que felizmente todavía no ha sido desmantelada del todo. Sin esa lámpara, ese edificio cambia todo. Yo le agregaría el Edificio Tapie, Santiago de Chile y Constituyente, una obra excelente, excelente. También le citaría la Torre de los Homenajes, en el Estadio Centenario, que yo creo que es Déco, si bien tiene rasgos del Expresionismo holandés muy acentuados. Y las dos enormes alas que tiene esa torre son un gesto decorativo “stream line”de primer nivel, que no fue un desliz del arquitecto sino que fue un tema central de esa obra que, curiosamente, no fue rechazada por los ortodoxos sino plenamente aceptada.

-¿Podría atinar tres grandes nombres de arquitectos uruguayos con grandes obras Déco?
-Yo le diría la sociedad Vásquez Barriere-Ruano, autores del Palacio Díaz, Vásquez Etcheveste, cuya autoría es el Palacio Tapie, y, quizá por la vastedad de su obra, por la producción enorme que tuvo, Eloy Tejera. Y le estoy nombrando arquitectos muy injustamente olvidados, muy injustamente ignorados. El arquiecto Tejera es el autor del Mirador Rosado, que fue demolido, y una enorme cantidad de obras en Pocitos, en la calle Viejo Pancho, en el Cordón. Y también el aruqitecto Surraco, Isola y Armas, que hicieron el Palacio Rinaldi, pero en realidad, cuando se empieza a hacer una lista es imposible circunscribirse a tres, ya que es un período de nuestra arquitectura en que más que de arquitectos, hay que hablar de una pléyade.



Eduardo Mérica, periodista uruguayo desde 1979. Integrante de las redacciones de La República, Estediario, El Deportivo Sport Magazine y Marca. Tuvo pasajes por radio CX 32 Radiomundo "Contacto Deportivo" y CX 38 Sodre. Redactor creativo del programa Vida Sana (Canal 5 Sodre), Jornalista en A PLATEIA Livramento, Brasil. Sub Editor de ACAURUGUAY.COM y Editor de www.diariouruguay.com.uy y www.futboluruguayo.uy. Es miembro de AER y presidente de la filial APU (Asociación de la Prensa Uruguaya) Rivera.


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